miércoles, 7 de septiembre de 2011

Umbrìas y esotèricas casas quintas de Villa Colòn: coexistìan y coexisten con ranchos.

Hermosa y gran avenida de la Villa, Lezica ondea sus alamedas de eucaliptus entre eclècticas casas quintas, arquitecturas de todas las èpocas, restos de rieles de tranvìas, portones, artìsticas rejas y un palacio estilo Luis XVI, ordenado construir por el presidente Idiarte Borda en el año de 1896. Esta calle, que fue llamada al principio del 900, de los "enamorados". No precisamente por su iluminaciòn sino porque los enamorados solìan romper los faroles a querosene para salvarse de las miradas y lenguas indiscretas y viperinas de una aldea novecentista. Lujo y esplendor que las Juntas Auxiliares querìan cobrar a precio de ciudad, con los impuestos de iluminaciòn, aùn a los marginados que ya habitaban las orillas del Pantanoso y alrededores, formando barrios de curiosos y sugestivos nombres "Pueblo de ratas", Pueblo de las ranas y Villa Amargura.  Esta gente, dònde trabajaba o no lo hacìa ?. Quizàs en las bodegas del lugar o en los jardines y cocinas de las lujosas casas quintas, como peones, jardineros y domèsticas. El que sobresalìa y sobresale, sin duda, en el paisaje y arquitectura de la avenida es el Castiilo de Idiarte Borda.

Y APARECIERON LOS FANTASMAS, LOS ASESINADOS Y LOS "RESPLANDORES" DE KUBRICK , LOS GENEROS DE TERROR

En un muy interesante blog, un fotògrafo que recorre Montevideo y otros departamentos a la bùsqueda de rarezas, recibe las voces del barrio sobre leyendas, "asumbrados "y los clàsicos fantasmas que todas las casas quintas del 900 suelen habitar para la posteridad. Sobre esto la creatividad popular no tiene limites y sus cuentos rebasan tanto lo falso como quizàs lo verdadero. Realmente algunas anécdotas suenan de terror y espeluznantes. Antes de que historiemos la casa, el blog es conlacamaraenelbolsillo.blogspot.com
Mientras tanto paseemos por el interior y exterior de la casa unos breves segundos.






Y ahora nada màs unos calculillos econòmicos. Resulta interesante pensar que el irrisorio, je je, precio de venta de la casa, tal como dice uno de los comentaristas de Fonzi ,el creador del blog, lo juntarà para el año 3069, es una diferencia con un sueldo standar uruguayo hoy de ......... y que la misma es en los mismos guarismos que cuando se construyò la mansiòn. Demostrarlo significa aportar datos històricos. Ademàs si lo demostramos, por ahì se explica que todavìa estas casas quintas coexistan con ranchos, en el Pantanoso y el Saint Bois. Que esto no tiene nada que ver con Villa Colòn en particular sino con toda la periferia,
el centro y  Ciudad Vieja de Montevideo, que son los espacios de asiento de la pobreza urbana. Y con un asunto màs global, la circulaciòn del capital nacional e internacional y la desigualdad distributiva por esencia de aquèl. En el 900 uno de estos palacios costaba su construcciòn  entre 70 y $ 100000 pesos. Mientras que el sueldo de un obrero era de 10 a $ 30 mensuales. Los escasos empleados pùblicos de la època ganaban un poco màs.  CONTINUARA

LO ESOTERICO Y FANTASMAL  DE LA CASA QUINTA

Desde que supuestamente la viuda viò a su marido de traje o ¿levita? y bastòn paseando por el jardìn de la casa, estas apariciones fueron guardadas por las tradiciones y memorias populares. La silueta fantasmal, que segùn los parasicòlogos, son coloides invisibles, se pasea sin descansar cada vez que la casa se ocupa, nada màs que para asustar a los creyentes, quienes ya vienen preparados al respecto. Seguramente con otra corte de gente que muriò asesinada en el lugar. Malvivientes que viviàn en la casa por los años 60-70 y que entre ellos se mataron. Uno apareciò empalado en la torre del castillo cuenta un vecino. Espeluznante no? De ahì que halla por las noches, prendidas extrañas luces en una de las torres. No la habitarà un simil vampiro simil del Hijo de  Dracul, Vlad III? Tal vez uno de ellos, no precisamente la victima del magnicidio de Arredondo Idiarte Borda,sea el que viò una novia, ensangrentado en el baño, al celebrarse su casamiento, familia acaudalada de la zona, segùn  el blog,cuando una empresa organizaba fiestas en el castillo cosntruido por Massue. Aterrorizada, se oyò un grito desgarrador, cuenta la cocinera del castillo.  No dio para que mueriera del susto,apenas un simple  desmayo. Asì por el estilo con estas fantasmogorìas. De forma que no hay nadie que pueda dormir en esta casa y menos habitarla por un largo periodo. Aùn asì quienes no crean en los fantasmas, que los hay los hay, como las brujas y conciban otros mundos sobrenaturales posibles o inconmensurables  infinitos paradisiacos (entre ellos el del mentor del magnicidio, Josè Batlle y Ordòñez) podràn comprarla y dedicarse tranquilamente a cualquier actividad en ella.  


lunes, 29 de agosto de 2011

Villa Colòn transgresora: Pitamiglio, Andrès y Delmira, una trilogia amorosa ?

Se reunìan en el Hortus Conclussus frente a Idiarte Borda, un cenàculo literario por la avenida Lezica, que supo funcionar hasta fines de los años 40. Algunos llegaban desde la ciudad en el tranvìa Nro 41 de la Comercial, desde 1912 unìa el centro con las puertas del Colegio Pio. Pero los màs y a tono con la clase a la que pertenecìan, se desplazaban en lujosos autos. A instancias de Andrès Giot, dandy musical y buscador de placeres, Humberto Pitamiglio, arquitecto e ingeniero,  habìa adquirido una quinta a los fondos de Idiarte Borda, comprando parte de los dominios de Giot padre. Fue antes o durante las veladas en el Hortus. A Humberto le atraìa Andrès y alrededor de 1910, si le creemos a Wapo, Delmira asistìa a las lecturas de cuentos y poemas en Conclussus, leìa los suyos y sus ojos se acercaban a las miradas de Andrès. Delmira acosaba amores sin decircelo a nadies ni siquiera al objeto sujeto de su verdadero amor. Los Giot tenìan màs plata y propiedades  que Pitamiglio, incluso un castillo en Parìs. No obstante, no les gustaba una vida que consideraban disipada, no ajustada a los cànones de una burguesìa inversora y ahorradora, que Andrès se empeñaba en transgredir, saliendo, asistiendo a cenàculos dudosos, vièndose con gente sospechosa de "inmoralidades", vistiendo las mejores ropas y queriendo dedicarse a la mùsica como pasatiempo y forma de vivir. Andrès jugò con sus cualidades de dandy, sus "miserias" materiales y sus dones de conquista. Era viril, atlètico y no desdeñaba a mujeres y hombres. Atrajo profundamente la sensibilidad matemàtica de Pitamiglio y entre lloro y lloro, el arquitecto se convitiò en su mecenas y amante. Lo sabìan o lo sospechaban en el Hortus. Despùes de la veladas el auto de Pitamiglio rumbeaba para la quinta con la torre de ladrillo detràs de Idiarte Borda y al final de la calle Margarita Bades.
Aquèlla tarde el portòn abierto invitaba a entrar, entre las brumas del invierno y los claros oscuros del enorme palacio. Delmira hubiera entrado, pero el Hortus quedaba enfrente




La dueña de casa abriò la puerta de la casa quinta y anunciò que solo Andrès habìa llegado. Delmira se sentò en la mullida silla de la sala. Saludò a Andrès y esperò sin hablar. Sus ojos recorrieron el chaquet, la corbata, la mirada del dandy. Por un momento se detuvieron simultàneamente, mientras Andrès leìa un libro. Leìa pero su mirada querìa y buscaba reposar en aquèl vestido rojo, en las mangas de volados  rojos, en la diminuta cartera roja y en esos labios carmesì haciendo el juego de conjunto fuego. Cambiaron frases intrascendentes sobre el tiempo y la belleza de Colòn. Delmira hubiera dicho allì sin cohibiciones lo que despuès escribiò en una carta.



Estas son historias que vuelven a repetirse en las andaduras del tiempo. Todavìa son fresquitas las caidas de las represiones amorosas y entonces ahora los libres amantes eligen otros medios aunque las mismas calles y monumentos, unos itinerarios que desconocen o intentan hacerlos familiares. Convocan a las musas de las "citas a ciegas" y por el ciberespacio van al encuentro caminando por las calles de Colòn. Aquélla tarde Martin siguìò las vìas tapadas del tranvìa y por la vereda llegò pasando el Hortus y los portones del castillo, a la casa de una amiga.

                          

 Sonò la mùsica regaton de su celular. Era un mensaje para un encuentro que respondìa a su aviso. Demandò que el otro llamara y como ambos no tenìan saldo, èl llamò desde un fijo. Iban al otro dìa a conocerse o por lo menos a llamarse. Asì comenzaron una interminable relaciòn que elegìa las virtualidades del ciberespacio. Con el  tiempo la letra de estas canciones pareciò atraparlos.



Se prometìan fidelidades, encuentros y citas a la semana siguiente, Norgut, un extranjero del norte y el adonis de las alamedas. Creìan vivir en la Villa de los sentimientos actuales cuando en realidad buscaban los antiguos monumentos y relaciones que la historia habìa parido como disciplinas de la carne. Se parecìan màs a Pitamiglio, Andrès y Delmira que a modernos amantes. Por supuesto no eran ricos ni acaudalados pretendientes como aquèllos. Apenas habìan logrado el lustre de unas licenciaturas. Se afanaban por varias alternativas. Solo al cruzar la calle, frente a la ochava, Norgut soñaba con Laura, no se sabe si De Nove o la Laura Queer de la otra punta. Mientras, Martin esperaba a su mecenas que Norgut satisfascìa a medias. Intercambiaron fotos, sms y llamadas por el celular. Creyeron en las emanaciones miticas de las sales plata, de lo real en el pasado y se olvidaron que lo real màs imaginativo que lo virtual podìa "quemar las fotos". Por eso aplazaban los encuentros o èstos fracasaban. A diferencia de las trilogìas de antaño, aquèllas no se tramitaban en ninguna mediaciòn traidora y   clamaban por el deseo anarquista de "salvemos el deseo inmediato". Hasta que el encuentro se produjo. Sobrevolò las estatuas. Antaño las señoritas de la alta sociedad allì se daban cita.Parecia que la estatua querìa bajarse de su pedestal y pegar con su libro al esperante de varias mañanas "Este que mira tanto". Norgut insistiò en un cafè, una cena, una calle perdida, entre las alamedas. Dudaba Martìn. Norgut, que algo de Andrès insinuaba, deseaba cruzar hacia la ochava de Laura. Pero escribìa demasiado sobre la Laura Queer. Martìn que algo de Pitamiglio tenìa se decidiò por su casa, nada de cafès y si de amores salvajes. El cafè vendrìa despùes. Esta vez sin celulares y malditas o bienhechoras compus de por medio.   
Y asì cantaron al son de Luis Enriquez

   

jueves, 25 de agosto de 2011

Villa Colòn literaria y musical: romànticos, poetas y cronistas. Los escritores de la Villa

Habitantes del barrio que escribieron sobre la Villa y su entorno, viajeros que recogierton aquì sus impresiones de viaje (Ruiseñol), venìan a buscar acerbos museìsticos (Weig,S), visitaban a sus amantes (Josephine Baker) formaban sus tertulias literarias y se afanaban por amores imposibles o transgresores (Delmira Agustini), jòvenes cronistas de periòdicos locales que asistìan a las tertulias y despuès una huella del lugar quedò en sus novelas de fama internacional (Jorge Onetti). Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de America se reunieron un enero de 1938 en el Horus Consenssus, casa quinta frente a Idiarte Borda Villa, un " consistorio" de celebridades literarias. Colòn era hasta la dècada de los 40 un centro turìstico y literario de  alcance mundial. Sobre la Villa a Ruiseñol le impactaron el olor de las hojas  de eucaliptus quemadas. Weiss buscaba toda la bibliografìa balzaciana que habìa en un museo del barrio. La èbano Baker, visitò Montevideo y parece se hizo de un tiempo para  viajar a las afueras de la ciudad y en su quinta de Colòn enamorar al bisexual Andrès Giot. Mientras el joven recibìa una mesada de su partenaire en Montevideo y Villa Colòn, Humberto Pitamiglio. Empalidecen un poco los cronistas locales que no pasaron a  la gran historia del espectàculo pero si a los recuerdos de su Villa Colòn. Una lista  escueta de ellos :
Martinez Montero, Homero (Seudònimo Nuevos Rumbos) "Villa Colòn. historia, evoluciòn y desarrollo" (1976)
"Rodrigo de Triana" Villa Colòn y su regiòn: historia y desarrollo"
"Perfumes de amor" Historia de Villa Colòn
"Centenario" Villa Colòn. historia, evoluciòn y desarrollo. Integraciòn Melilla y Colòn
"Tea Garden" Historia urbana y social de Villa Colòn en su primer centenario" (1872-1972)


El ùnico nombre que tenemos es el del ganador del concurso, Nuevos Rumbos, organizado por la JDM en   1972,   publicado en 1976.
Los viajeros : Santiago Ruiseñol "Viaje al Plata"; Gimènez Pastor, Arturo "Mi Montevideo" (1898)
(En RAICES; 10/2009) CONTINUARA


viernes, 19 de agosto de 2011

Villa Colòn: un puente de amores furtivos entre las araucarias de Romàn Freire y la quinta de Josè Batlle y Ordòñez en Piedras Blancas



Villa Colòn y Colòn ha sido, es y serà uno de los barrios de Montevideo sobre el que se han escrito màs crònicas històricas, narrativas literarias històrico costumbristas, referencias y visitas de viajeros y escritores, algunos famosos internacionalmente y periodismo barrial. Algunos de los autores, la lista es tan amplia, como ser. Alfonsina Storni, Juan Carlos  Onetti, Stefan Zweiss. Un barrio que acumula documentos locales sobre los que paradojalmente no han surgido quienes se dediquen a los "nuevos territorios" del historiador o tècnicas de la Nueva Historia ni investigaciones de corte antropològico cuyos puntos de vista sean   considerar el barrio como un aislado geogràfico, espacios tiempos de las identidades y diversidades, ubicàndose el investigador, sea como nativo o extraño al barrio.Segùn David Harvey "cada forma espacial define su propio espacio" (socioeconòmico, personal, arquitectura, etc). Las formas de la arquitectura definen nuestras reacciones, sentimientos, necesidades, aspiraciones y temores, son la expresiòn del orden social subyacente. Nuestro recorrido por el barrio serà un itinerario de caminatas personales, subjetivas, sin orden, aunque motivadas por algunos amores perennes. Biogràficamente, desde niños en nuestras idas al norte en tren, la linea del ferrocarril central pasaba por la estaciòn de Colòn, una de las pocas  de Montevideo cruzada por una  rampa peatonal; nacimos  a la vida politica frenteamplista en la Plaza  de Colòn  siendo adolescentes. Un acto al que acudìan columnas y columnas de frenteamplistas de Colòn y que Juan Boscana recordaba años despuès, al visitarlo en su casa cercana a la plaza 12  de octubre, como un hecho que en los años 90 ya no se producirìa. Los oradores del 26 de marzo victoriaban en la tribuna a los tupamaros, clandestinos y guerrilleros en esa època. Jocosas anècdotas: a quien se le ocurrirìa hoy hechar a un vendedor ambulante de un acto ? uno de  los organizadores del acto o de la seguridad inquiriò al vendedor "compañero no se puede  vender en el acto." Protesta el ambulante "por favor no insista compañero" Recordamos  siempre con una tìa, que nos llevaba a los actos de 1971, esta anècdota que nos unìa a travès de a los años en las definiciones  comunes. Asì regresamos a Colòn  por distintos motivos en 1987, en 1992, en 1998 y ahora en este 2011. Reuniones de amigos, recorridas  fotogràficas, visitas  a  familiares, trabajos de encuadernaciòn de libros, caminatas  hacia la  Aviaciòn, apertura de la casa quinta de Idiarte Borda como paseo turistico y tea garden,  nuevas sesiones de fotos. Una visiòn de un espacio barrial personal, exterior al barrio y de la cual desconocemos que piensan y  sienten quienes viven en èl. Una pèsima antropologìa. Sin embargo es posible entreveer homogeneidades en los escritores locales, y en sus memorias, propias de quienes viven o vivieron en la periferia rururbana de Montevideo  y  algunas  singularidades, las de quienes buscan en el pasado, raìces y valores para fundamentar ideològicamente las identidades barriales. Es asì que surgen materialidades , objetos  y personajes històricos, los patrimonios espontàneos y oficiales, el barrio como patrimonio cultural, el barrio jardìn, agroindustrial y comercial, su sociedad de clubes, de religiosidad catòlica, de espacios comunitarios: medios de trasnporte, plazas, canchas y cafès, la vida actual expresada en mùltiples acciones  culturales y politicas. Naturaleza  y arboricultura, entre los intercambios amistosos que sedimentaban las adhersiones politicas  de principios de siglo. Casas quintas que recordaban la violencia magnicida. Romàn Freire habìa sido secretario de la 1ra presidencia de Josè Batlle y Ordòñez, habitante de Colòn  y cultivador de àrboles en su casa quinta de la villa. Gran promotor del progreso de la Villa: hizo las gestiones para que llegara el tranvìa Nro 41 de la  Comercial por avenida Lezica hasta el colegio Pio.   Promoviò años despuès la ley de ciudad  jardìn (1917).Hoy una calle lo recuerda en Villa Colòn. Batlle le escribiò a Arena desde Europa, su apoderado en Montevideo, que plantara àrboles en el parque de su casa quinta de Piedras Blancas para los cuales Freire "me ofrece sus conocimientos de arboricultura de su casa de Colòn". Cuàntos amores  conocidos o furtivos, la sombra de  esos àrboles  habràn cobijado ? Es un asunto de interesantes especulaciones narrativas. El castillo de veraneo de Idiarte Borda no tuvo tiempo de ser usado por un presidente asesinado por la mano de Arredondo, de quien se decìa habìa sido inspirado  y movido por la conspiraciòn oculta de Josè Batlle y Ordòñez. 







sábado, 13 de agosto de 2011

El tùnel del tiempo y los espacios de los barrios de Montevideo

Iniciamos esta recorrida por los cientos de barrios de Montevideo, el Gran Montevideo,trasladàndonos hacia el noroeste de la ciudad, a la bella, arbolada y siempre antoñona de casas quintas de recreo, Villa Colòn, Desde los años 60 cuando el tren a Paysandù dejaba atràs a 11 km de la estaciòn central, la estaciòn de Colòn, hasta los 90 en que ibamos en bicicleta y hace unos dìas, en òmnibus, sus paisajes, monumentos y gentes nos conmovieron  a punto de tomar decenas de fotos. Fueran para cursos de fotografìa o simplemente para realizar tour fotogràficos, turìsticos o otra naturaleza. CONTINUARA